Esta pieza rinde un tributo minimalista y afectuoso al objeto más icónico, transversal y sagrado de la cultura culinaria de nuestro país, el tradicional tostador chileno sosteniendo una marraqueta dorada perfecta.
Es el elemento de decoración ideal para aportar calidez a cocinas, comedores, quinchos o cafeterías que celebran lo cotidiano de nuestra cultura. Además, destaca como un excelente regalo cargado de identidad criolla para quienes viven en el extranjero y extrañan el ritual de la once.